Siempre he sido un excelente alumno, un estudiante destacado y famoso por ser solitario y no tener ni amigos ni novia. En otras palabras, por ser un completo asocial. Sin embargo, por muchos años, di lo máximo de mí en los estudios, recibiendo numerosos diplomas y premios de "niño bueno" hasta inicios de la secundaria.
No sé ni cómo ni por qué, pero con el paso del tiempo experimenté un cambio muy drástico tanto en mi forma de ser como en mis estudios. Comencé a cuestionarme si todo lo que hacía de verdad valía la pena... hasta que llegué a la conclusión de que no. Sin querer se marcó un antes y despues en mi vida, el Johann Franz estudioso y aplicado había quedado atrás. Opté por cambiarme de sitio, pasando de la primera fila... a la última de todas. Muchas materias que antes podía estudiar con mucha facilidad como Matemáticas o Historia, empezaron a perder importancia. Aunque las primeras veces me sentía raro y culpable, alejado del grupo de los chancones, me empezó a gustar aquel estilo de vida.
De esa forma pude conocer mejor a Agatha, una chica completamente revolucionaria, que sin duda alguna, iba contra del sistema educativo. Era muy rebelde llegando a faltar casi toda una semana a clases y a dejar en el olvido la presentación de sus trabajos, pero tan graciosa y simpática que siempre tenía bajo la manga un tema interesante de conversación. Además de esa personalidad tan misteriosa e interesante, me encantaban sus saltones ojos oscuros con esa mirada tan alegre y pícara, que ya te dice demasiado de una persona.
Así empecé a frecuentar a su grupo, muy divertido y acogedor, debo decirlo. Sin embargo, pasaba más tiempo con Agatha, solíamos conversar días enteros. Durante las clases de geometría, ella sacaba su celular, íbamos al punto ciego del salón, y me contaba chistes y me enseñaba fotografías y vídeos graciosos. Hasta ese entonces, nuestra relación era más que placentera. Sentía que estaba en el mejor momento de mi adolescencia, que esa metamorfosis de nerd a algún tipo de alumno no definido, realmente había valido la pena. Pero ocurrió un suceso que cambió todo de golpe...
Un día, mientras leía "La metamorfosis" de Franz Kafka cuando estaban explicando "Razones y proporciones", ella me llamó y me dijo había algo super importante que tenía que saber. Puse mi carpeta al lado de la suya y me lo confesó todo. Resulta que Agatha había empezado a desarrollar sentimientos hacia mí, producto de todo el tiempo que pasamos juntos. Admitió que se preparó bastante para decírmelo, incluso que había hablado con sus amigas, pero ya no podía seguir ocultándolo.
Estaba anonadado, no sabía que decir. Ya había tenido devastadoras experiencias en el amor. Tal vez fueron esos tristes recuerdos de mi infancia por los que le dije que necesitaba pensarlo. Antes de que me vaya, ella me dijo que lo único que quería era asegurarse que lo sepa y que no tenía que pasar nada entre ambos. Entonces me tranquilicé, sentí que me había quitado un peso de encima y le respondí: "Estoy totalmente de acuerdo. La verdad, me asustaste. Pensé que ibas a pedirme para estar. La verdad, no estoy preparado para una relación". Ella me sonrió y por esa razón, pensé que la pesadilla había terminado.
Al día siguiente, Génesis, una de las mejores amigas de Agatha, habló seriamente conmigo y me contó que A, había estado llorando porque ella quería tener algo conmigo, pero yo la ignoraba y no le hacía caso... y yo pensando que el problema se había solucionado.
Estuve dos días sin hablarle a Agatha, pero no podía comportarme así por mucho tiempo. Así, fui yo quien me acerqué a ella, y no sé como nació de mí decirle que podiamos darnos una oportunidad. Ella se emocionó y me pidió un tiempo para que lo consultara con sus amigas... y así A se convirtió en mi primera enamorada después de ser rechazado por casi diez chicas a lo largo de mi sosa vida. Se notaba que estaba tan ilusionada que ella fue la que puso las normas de nuestra "relación sin compromiso", aunque ella iba en contra de las veneradas reglas.
No todo era felicidad. Natasha, una chica muy estudiosa pero fastidiosa, empezó a molestarnos y a seguirnos a todos lados. Lo que en realidad ocurre, es que N cree que estoy perdidamente enamorado de ella, cuando la verdad, es exactamente lo opuesto. En algún momento, Natasha y yo nos volvimos tan amigos que todo apuntaba a que íbamos a empezar algo. Afortunadamente, me di cuenta de como era ella realmente, y me alejé por un tiempo.
Antes de empezar la clase de danza, Natasha se acercó a nosotros, empezó a hacerme sus "bromas de coqueteo" y de repente, se sentó sobre mí... ¡en presencia de Agatha! ¡Les juro que fue un momento demasiado incómodo! Mi enamorada tuvo que ir al baño con ella para tener su "charla de chicas" y explicarle que estábamos saliendo...
Cuando terminaron las clases queríamos tener nuestro momento, solo los dos... y ahí estaba Natasha, haciéndonos preguntas, lanzando sus "chistes", acosándonos... Pero lo más embarazoso fue cuando salimos del colegio y el padre de Agatha estaba ahí para recogerla. Iba a despedirme de mi novia, cuando N apareció de manera repentina, y lanzó un comentario imprertinente: "¡Ahí está su futuro yerno, señor!". "¿Cómo es eso?", preguntó su papá muy confundido. En ese momento, se me puso la piel de gallina... quería desaparecer.
Agatha estaba más que disgustada, incluso por Messenger me enviaba mensajes diciéndome lo fastidiosa que era Natasha. Por eso, no me extraña que haya terminado conmigo al día siguiente. Su justificación fue que no se sentía preparada para eso, y terminé aceptando su decisión, porque a decir verdad, yo tampoco. Cuando empiezo a recordar lo que pasamos, no me gusta verlo como una relación en sí, sino como un piloto que me sirve de experiencia para un futuro. Por un lado, me sentí feliz, porque cuando salía con A no me sentía yo mismo. Para ser sincero, nos va mejor como amigos. Además, tenía más tiempo para pensar en Rubí, la chica más bella del salón, pero eso mis lectores, ya es otra historia.